Mentir es un arte. Nada de negarlo y hacerse la o el de las chacras. Requiere cuidado, sutileza, atención, buena memoria y muchas cosas más. No importa el tamaño de la mentira, ni su motivación más primitiva.
La patraña es prácticamente un ser vivo.
Usted, mi estimado lector, debe considerar que la mentira es un hijo. Sé que para algunos la sola idea del embuste como un ser vivo puede ser horrorosa y lo entiendo. El engaño nunca es bien visto, pero es bastante usado en los estratos más bajos de nuestra vida personal.
Pero, dejemos los juicios éticos y la moralina de lado. No es mi asunto andar juzgando por la vida ya que no tengo alma ni vocación de magistrado.
Volvamos a la idea de este pequeño engendro llamado "embuste".
La concepción sucede cuando uno se pregunta ¿Digo la verdad o no?. Respuesta positiva? Prepárese para terminar pagando indemnización (al menos si no es de los que nació con la marraqueta bajo el brazo o no se percibe una estrella en el inicio de la línea de la vida que lleva tatuada en la mano). La patraña tiene un proceso de gestación más bien rápido, de hecho es la etapa menos problemática, estimula la imaginación y la lógica (no todo es tan negativo). El trabajo de parto, como todo en esta sabia vida, depende de la persona. Los que tienen mayor grado de desfachatez llegan y la paren. Los que son primerizos en el asuntillo sudan más, sufren más y créame! no hay epidural que funcione.
Cuando el engendro ya ha sido traído al mundo, a la vida, comienzan los cuidados necesarios. Atar cabos, en lo posible, si involucró amigos (de los buenos, esos que están con la pala lista para empezar a tirar tierra sobre el muerto), contactarlos y contarle el plan que ha urdido. Pero acá, justo acá! Hay un paso "fun-da-men-tal"!!! Reconozca la mentira como su hijo! aunque no sea su estilo ir por la vida patrañeando.
La patraña es un fruto de su descuido.
No puede olvidarse de alimentarla. La cría crece a velocidad inesperada, se hace más y más grande... y uno nunca quiere que muera un hijo (al menos en serio, porque está bien... los críos hinchan, joden... y por mucha rabia, uno nunca le desea la muerte a los pequeñines)
Luego de que alcanza la madurez y ya va pasando el tiempo, llega la dolorosa hora de la muerte. En este punto me atrevo a hacer una diferenciación entre "muerte natural" y "muerte accidental". En el primer caso, la mentira tan solo se desvanece, no deja rastros y pasa (o da paso) a un mundo mejor (al menos mejor para el mentiroso, que ya deja de desgastarse haciendo cuadrar su mundo paralelo con la realidad).
La muerte accidental viene con bombos y platillos.
Cuando la mentira deja este mundo por causas accidentales deja todo manchado. Es una suerte de explosión. Termina relaciones, amistades, lazos familiares, laborales, etcétera. Ahí, el progenitor del engendro, debe empezar en muchos casos a pagar. Si bien, la paga no es en dinero, es paga al fin. Algunas son en cuotas a perpetuidad, tres meses precio contado o en un plazo definido, pero con intereses dignos de usureros.
Personalmente, no quiero ser madre y menos de un crío tan jodido. La patraña es como un "niño de cristal" y mi motricidad fina no es tan buena.
¿Se siente preparado ud?