Llegó casi puntualmente al recinto. El estómago apretado, sudor en las manos y una bomba de adrenalina que ya estaba en el conteo final. Era casi sobrenatural ver un espectáculo que nunca imagino ver por asuntos de tiempo y épocas desfasadas.
La luz roja del palco la bañaba de pies a cabeza y aportaba de forma positiva a las expectativas de la noche. Probablemente sería una noche de aquellas dignas de recordar y no precisamente por lo que hiciera, si no por el hecho prácticamente histórico que presenciaría.
Minutos más tarde el espectáculo se inicio con "Never let me go" y un sonido increíble que no mostraba el paso del tiempo comenzó a invadirla, llevándola a la esencia máxima de sus fiestas eternas al son del new wave, como si el toque de queda estuviera rigiendo nuevamente en todo Chile.
La música siempre se ha apoderado de ella cuando entra en escena. La lleva a lugares insospechados, a experiencias memorables y otras no tanto, todas dignas de ser recordadas, sentidas y vividas. Sin embargo, muy pocas dignas de ser comentadas.
Mientras el cuerpo se soltaba al son del synth-pop, ella también comenzó a liberarse, a recordar esos tiempos nada lejanos en donde bailaba como si fuera el último día y disfrutaba como si no hubiese un mañana. Así pasó una hora de cantos, bailes e interpretaciones, de cámaras indiscretas que intentaban perturbar su trance y detener el éxtasis del momento.
Cuando terminó todo, espero que su amigo viniera a buscarla, en ese momento ella no se arrepentía de haber visto el concierto en un sector diferente al de sus acompañantes. Cuando su amigo llegó, comenzó la fiesta que seguía con la noche de recuerdos y sensaciones, bebió una cerveza y se dispuso a seguir disfrutando.
Entre tanto movimiento, la temperatura comenzó a subir gradualmente. Ella no sabía bien si podía revivirse. Revivirse en el sentido de ser la misma vividora de siempre, aquella que nunca debió dejar de ser solamente por no negar su real esencia. Pero luego de un baile y un poco de valentía, volvió.
Comenzó a sentirse liviana, a dejar sus cargas recientes atrás por cada movimiento de cadera caía al piso un mal recuerdo y era pisoteado por sus pies marcando el ritmo. Era libre. "Y al tercer trago resucitó!", diría por ahí algun fanático religioso.
Así, se acercó con desenfado a la presa de la noche y sin pensar solo actuó.
Ofreció su boca de manera deliberada y sin prejuicios, a lo que su presa respondió con un desparpajo admirable. Por algunos minutos no hubo música, los pies dejaron de marcar el paso y sus movimientos de cadera desaparecieron frente a la presión de la mano que afirmaba fuertemente su cadera.
Nada importaba!
Luego de ese beso, ella sonrió y miro con esa coquetería caradura que siempre la ha caracterizado, el respondió riendo y mirandola con una cara de "eso-es-lo-que-tenih" que a ella le encantó.
A continuación una pausa. Más baile, mas alcohol y "problemas" que ni siquiera valen la pena ser mencionados.
Ella lo dio por terminado. Nunca se ha sentido enamorada de buenas a primeras y si lo ha hecho, después de tanta pena pisoteada en la pista de baile y ni se acordaba.
"Vamos a bailar?", dijo el susodicho. "Siii! Vamos!" Respondió ella, sin la menor intensión de seguir con lo anterior. Cuando llegó a la pista con su acompañante, el ni lo pensó mucho. La besó nuevamente y esta vez con mayor pasión, con mayor fuerza. Mientras una de sus manos resbalaba cuidadosamente por su delantera y la otra rodeaba su cintura. Las risas de complicidad eran muchas, pero por lejos, lo mas exquisito de todo era esa sensación de "no hay más" que era base fundamental del juego, el "hoy-sin-mañana", el "aquí y ahora" que pasaba a ser "ahora o nunca".
Así, luego del juego y el "trabajo cumplido" ambos salieron del recinto, se despidieron amigablemente con un beso en la mejilla, con un pequeño gesto de agradecimiento. Él por hacerlo pasar de sus problemas un momento y ella por haberla ayudado a revivir.