Diluirse en los asuntos era su especialidad. Correr por los enormes campos de la libertad, donde las sombras se difuminaban lentamente con los matices del atardecer. Donde las piedras escondian tesoros inimaginables para los demas. Donde las cimas de las montañas parecían dioses en sus respectivos tronos, inalcanzables, intocables y omnipresentes.
Nunca escaló monte alguno, nunca pretendió arrebatar la nieve pura de las cumbres, nunca quiso despegarse del verde prado que cobijaba y daba soporte a su figura.
Los demás la miraban con asombro y ella no podía explicar aquella mirada de incomprension que brotaba de los ojos del mundo. No entendía tampoco porqué los demas no se integraban a su estilo de vida. A su constante desnudez, a su caminar descalzo y leve, a su mundo de acuarelas multicolores.
¿Podía el mundo estar mal? En algun momento se sintió dueña de los secretos mas grandes existentes. Del paraíso prohibido para cualquier humano común y corriente. Se sentía la elegída para conquistar el Edén.
Cuando invitaba a alguien a su mundo, huían despavoridos. Pero ella sola se sentia maravillosa, una musa dentro del prado, la Eva sin Adán que comiera la fruta y terminara todo en un fracaso y una condena eterna.
Un día, caminando por su mundo, divagando como siempre, chocó bruscamente con lo que parecía una mala jugarreta. El paisaje se proyectaba infinitamente por el horizonte, sin embargo, no se podía pasar. Cuando fijó sus ojos en aquel obstáculo, vio como el Edén se transformaba lentamente en un páramo, seco, estéril. Las acuarelas multicolores se transformaron en una gama de cafés y grises que daban cuenta de la miseria existente.
El mundo no estaba mal. Era ella y solamente ella la que se mantuvo engañada por años.
Arrastrando su figura desgraciada, miserable y yerma, se volteó y cayó al suelo con un peso inimaginable.
Ya no existía la alegria, los colores, los aromas exquisitos, ni su preciado Edén. Se preguntaba ¿Cuál era la perdida que la aquejaba? en realidad, todo eso nunca habia existido.
Así fue, como Eva se transformó en la mendiga reptante que ahora es. Mientras sigue buscando el Paraíso que perdió sin tener, el mundo la mira como lo que siempre fue: una pobre loca que quiso alcanzar la felicidad mediante nubes, colinas y montes dibujados a base de matices inexistentes.
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