"el deseo despierta el ansia de poseer y ésto despierta el instinto asesino"
KIM Ki-Duk

miércoles, junio 22, 2011

Del círculo vicioso del desapego

Caminaba lentamente por las calles, con la esperanza de volver a casa. Se detuvo en una plaza para buscar un banco en donde sentarse. Cuando se sentó, sacó su bolsa de tabaco y sus papelillos para hacer un cigarro que acompañara su andar.
Estaba con la cabeza en cualquier lado, probablemente pensando sobre 'la inmortalidad del cangrejo' o cualquier cosa que para sus pares, tenía la misma relevancia que el tema del crustáceo. Luego de dar la primera calada, se dijo:
"Cortázar tenía razón. Las cosas verdaderamente difíciles de hacer, son esas que pensamos que podemos hacer todos los días. Para mi, es difícil: levantarme, dormir, recordar... entre otras cosas."
Se levantó y emprendió nuevamente el camino. La tarde estaba silente y se transformaba lentamente en noche. Una noche negra y fría, esas que tanto le gustaban. Sonó su teléfono y lo contestó. Era un viejo amigo que requería de manera urgente su compañía.
-No te preocupes, estoy cerca. Llego en diez minutos - le dijo
Siempre era el pañuelo de lágrimas, el hombro de apoyo y consuelo de la gente que la rodeaba. Lo que para ella era casi obvio. No era de esas personas que tomaban parte o que jugaban a ser abogado del diablo. Tenía la capacidad de ver las cosas en perspectiva y no por contenida, ni calculadora, sino que porque se sentía viviendo por inercia. No perdía ni ganaba con sentimentalismos ni relaciones y su objetividad era causa y consecuencia de su desapego del mundo y sus habitantes. Nadie lo notaba, porque no era una ermitaña. Tenía amigos, más por un afán utilitarista y había tenido relaciones amorosas, aunque la mayoría habían sido decepciones.

Cuando arribó a la casa de su amigo, conversó con él, lo calmó y bebieron una copa. Llegado el momento de partir, cuando la situación estaba bajo control, se despidió cordialmente y tomando su bolsa con tabaco abandonó la casa. Camino en dirección contraria, sobre los pasos ya recorridos y llegó a la misma banca donde había preparado aquel cigarrillo que había antecedido a la llamada del desconsolado camarada.

Nuevamente se sentó y enroló tabaco, lo encendió mirando el entorno con detalle. Vio muchas personas que a simple vista parecían alegres y por primera vez se sintió realmente cansada de estar siempre para los demás. Quiso empezar a vivir para ella, aunque tuviera que empezar de cero y esto tuviera como consecuencia quedar sola. Cuando terminó el cigarrillo, se levantó de la banca con ese nuevo impulso, esas ganas de vivir por y para ella.

Avanzó una cuadra y volvió a sonar su teléfono, esta vez era una amiga. Cuando terminó la llamada, comprendió que los círculos viciosos existen y pensó por primera vez su distanciamiento había roto las barreras del mundo y comenzaba a manifestarse en su propia persona.

Volvió a caminar, pero esta vez con la esperanza de regresar nuevamente a la banca sin señal o sin batería  para poder emprender un nuevo rumbo.

No hay comentarios.: