"el deseo despierta el ansia de poseer y ésto despierta el instinto asesino"
KIM Ki-Duk

miércoles, junio 07, 2006

Escala de opciones... póquer de azar

Al término de la última, de las tantas tardes de póquer que acompañan mi semana, y mientras encendía un cigarro, comencé a pensar en el resultado del juego para mi, fue entonces cuando abrí los ojos y tomé conciencia que mis finanzas habían decaído estrepitosamente, y las cifras rojas se apoderaban de mi billetera, fue entonces cuando por enésima vez me pregunté:”¿cuánto más he de esperar para encontrarme con aquel ente, llamado suerte, que nunca, lamentablemente, ha estado de mi lado?”. Lo pensé por un largo instante y terminé declarándome agnóstica frente a la suerte, es decir, finalmente opté, no por negar, pero si por ‘desconocer’ su existencia, pero aún así quería segur jugando, lo que me hace concluir de manera muy seria, que no es simplemente la posibilidad de que la suerte en algún momento sea mi aliada lo que me hace jugar sino que es el haber descubierto en el juego las diversas virtudes que este posee y amablemente me ofrece.

Una de las cosas que me agrada de jugar es la multiplicidad de situaciones en que el juego es practicable, es decir, podemos jugar con el destino, jugar con aquello que los demás llaman suerte(que supongo existe, pero que yo no conozco), con las personas, con los sentimientos, hasta con naipes, dados o piedras.
También me seduce y provoca la posibilidad de conseguir algo mediante una acción -entiéndase esta acción como el juego en sí- que es agradable y absolutamente llamativa.

Me declaro una ludópata en la vida, una mujer que adora la adrenalina, el triunfo y hasta la derrota, porque el placer del juego no está tan sólo en el vencer, está en el desarrollo del mismo, en la estrategia a ocupar, en las tácticas y técnicas a utilizar, puntualmente la esencia adictiva del juego se encuentra en el evento de imaginar, idear y proyectar que este nos ofrece en bandeja y con la mayor gratuidad.

Y así, sin suerte pero con el deseo de satisfacer mi vicio por el juego, fui a la tarde de póquer siguiente, estábamos jugando, cuando en medio de una partida, uno de los jugadores rompe el silencio estratégico con la siguiente pregunta, dirigida a mí:
- “¿crees en la suerte?”
- “No, personalmente no creo en la suerte”, dije
- “Entonces ¿por qué juegas?”, replicó
- “Porque admito que me es imposible rechazar, en cualquier caso, la oportunidad de probar su existencia.”